martes, 14 de enero de 2014

XII Carta al destino. Albacete, 14 de enero, 2014.

"¿Yo?"

Estimado señor Eddie,
Muy buenas, ¿Qué tal va todo?

Yo creo seguir en tiempos de transiciones, pues no hago mas que vagar sin la sombre de ese que me hace ser yo, soy un rostro sin nombre ni sombra un figura que pasea sin saber donde ir. ¿Qué desconcierto no? Esta noche, vengo a contarle una anécdota que he tenido esta tarde, camino a casa de la biblioteca…
Ha sido paseando por la Calle del Tinte, cuando de repente un chaval se me ha quedado mirando desde dentro de la tienda, a través del cristal del escaparate.

Era un tipo extraño, se me ha quedado mirando fijamente a los ojos, así algo embobado, como si se hubiera detenido el tiempo. De repente, ha sido como si lo conociera de antes, no se, ha sido curioso por unos segundos, he querido pensar que lo conocía, que era un chaval al que le gustaba bromear en los momentos mas tensos para relajar tensiones, de estos que cuando aunque estés jodido del todo, hacen lo posible para hacerte sonreír con algún chiste malo o alguna nota de voz por “Whatsapp”. Parecía el típico tipo que solo pisa las líneas blancas de los pasos de cebra, o que anda manteniendo el equilibro por los adoquines del borde de la carretera, ese al que le gusta ir en la bici sin manos para sentirse libre.

Ha sido como si lo conociera de toda la vida, o si ya lo hubiera visto en alguna ocasión Sr Eddie. Creo haber sentido como su mirada se perdía con la mía, como a través del espacio me decía “No me importa nada”. Esos de los que no tiene miedo a nada, ni miedo ni vergüenza. La típica persona que cuando esta deprimida no necesita nada más que un abrazo mudo, un abrazo sin decir nada para coger fuerzas y volver arriba. Un hombrecillo al que sus pequeñas pupilas pedían en un silencio mudo soñar, ilusionarse, sonreír, ser quien quiere ser, valerse por si solo ¡VIVIR! Y pensar eso de que “Al final todo saldrá bien….”

En un abrir y cerrar de ojos, me he dado cuenta de mi estupidez, pues simplemente era un espejo lo que tenia delante. ¿Y sabe que Sr Eddie? Esta tarde… a pesar de todo, me he dado cuenta de quien era el del espejo ¡¡  MANUEL CANDEL ¡!

Solo le pido una cosa esta vez, que nada ni nadie, irrumpa en mi manera de vivir la vida, porque dejaría de ser yo, con mis cosas buenas, y mis cosas malas. Espero que de una forma u otra, estas palabras sean depositadas a través de la ilusión en las puertas de su posada.

“Nos pasamos demasiado tiempo pensando en saber quienes somos, cuando ni siquiera necesitamos saberlo ”
Mis más cordiales Saludos,

Manuel Candel