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XXVII Carta al destino. Albacete, 16 mayo, 2018.


Estimado Sr Eddie,

¡Buenas noches Sr Eddie! ¿Qué tal va todo?


Que necesario es algunas veces, que nos digan las cosas a la cara ¿Verdad?
Pues fíjese que no hará más de media hora, ha habido quién me ha recordado mi peculiaridad de describir las cosas escribiendo, y ha sido eso lo que me ha empujado a enviarle esta carta.

4 meses han pasado desde que hablamos por última vez, y todo prosigue “Viento en popa a toda vela” como diría Espronceda.

Por fin he acabado mis estudios, mis queridos estudios de diseño, y ¿sabe una cosa? Siento incluso pena por ello… por separarme de mis compañeros y profesores, por dejar atrás esas aulas llenas de caballetes y dibujos, por esos recreos tirados en el suelo debatiendo sobre cosas absurdas de la vida… parece mentira que tras dar varios tumbos con mi vida, y finalmente hacer lo que me salió en gana (como siempre) acabé matriculándome en diseño. Todavía recuerdo estar en bachillerato, y tras repetir curso, una mañana de abril suspendí un examen de economía, se me hincharon las narices y bajé a denegar la matrícula en Ciencias Sociales, para 6 meses después empezar mi vida en la Escuela de Arte. Qué bello es estudiar algo que te enriquezca como persona y te aporte la paz y sabiduría que buscas.
Me consuela que todavía tengo que presentar el proyecto final en unas semanas.

Bueno, no nos pongamos sentimentales.
De salud ando algo estropeao, bueno más bien jodio, pero veremos a ver quién es el chulo que puede conmigo. Los achaques siguen de vez en cuando dándome guerra, pero con paciencia y buenos alimentos, he aprendido a convivir con ellos.

La vida, en ocasiones acostumbra a ponerse impertinente, pero no es sino una aventura lo que nos depara cada mañana al salir de la cama, ¿Vivir o morir? ¿Quién sabe cuál será nuestro último amanecer o nuestro último ocaso de Sol? Los años te hacen darte cuenta que de nada sirve angustiarse por los va y vienes del camino, si algo tiene solución, no merece la pena cabrearse, pues se solucionará, y... si no la tuviere, ¿Para qué cabrearnos si no tiene remedio? Dejémonos llevar por el destino y despreocupémonos por esas cosas de “mayores”.

Bueno señor Eddie, por hoy marcho a dormir, me alegra haber hablado de nuevo con Ud, y espero no demorarme tanto la próxima vez. Le deseo que tenga dulces sueños y sean las criaturas de la noche quienes de una forma u otra, depositen mis palabras en  la puerta de su morada.

¡Buenas noches!
 

Mis más cordiales saludos,

Manuel Candel